Los usuarios de Botox pueden mermar su capacidad de percibir las emociones de los demás

La marca comercial más conocida del tipo A de toxina botulinica cosmética es Botox®

Todos hemos oído hablar de casos en que las personas que usan Botox para congelar las líneas de expresión de mirada, se quedan así, congeladas. Hoy en día, muchos doctores expertos en estas inyecciones se han centrado en ofrecer resultados de aspecto más natural, pero algunos de sus pacientes han pensado más allá del resultado estético del tratamiento. Podría la minimización de sus líneas de expresión con el tratamiento, límitar su capacidad de leer la expresión de los demás?

Según un nuevo estudio publicado en Social Psychology and Personality Science (Psicología Social y Ciencias de la personalidad), la respuesta es que sí. Al parecer, imitar las expresiones de otras personas es una herramienta natural que utilizamos para leer y entender sus emociones. El primer experimento en el estudio comparó la percepción de la emoción en las mujeres que habían recibido Botox contra las mujeres que habían recibido Restylane, un relleno dérmico.
Los resultados mostraron que cuando identificaban las emociones en rostros en imágenes de síntesis, la percepción mermaba significativamente en los usuarios de Botox. Lo que queda por examinar en profundidad es la cantidad de Botox y la frecuencia necesaria para crear un deterioro significativo en estas percepciones.

El estudio también examinó la percepción de la emoción cuando las señales de retroalimentación del músculo se han mejorado. Usando un gel para amplificar las señales, los investigadores observaron a los participantes identificar las emociones en imágenes de ordenador. Los resultados mostraron que una mayor regeneración muscular mejora la percepción.

El estudio podría alentar más la investigación sobre la forma en que los tratamientos estéticos afectan más allá de la piel. Sería posible disuadirlo/a de usar Botox por una posible pérdida de la percepción?

Via NewBeauty

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Nota:  la primera aplicación clínica de la infiltración local de toxina botulínica se realizó en 1977 como tratamiento corrector del estrabismo, una patología oftalmológica caracterizada por la hiperactividad de los músculos encargados de movilizar el globo ocular. Desde entonces, su uso se ha extendido no solo en el ámbito de la medicina sino también en el de la estética.

Una forma diluida de la toxina botulínica tipo A, se considera hoy en día que es uno de los tratamientos que ofrece mejores resultados para eliminar las arrugas o tratamiento de la ritidosis. Esta forma de toxina botulínica, tras su infiltración con una aguja extra fina en el músculo debajo de la piel de la zona que se desea tratar, actúa inhibiendo por relajación el movimiento muscular. Con este efecto se pretende que desaparezcan las arrugas y por tanto proporcionar un aspecto más juvenil en la piel. Tiene una duración temporal, entre 3 a 6 meses, lapso después del cual debe renovarse la dosis. Rara vez se han dado casos de efectos secundarios como reacciones alérgicas, rigidez facial o náuseas.